El espejo me mira. Encuentro en mi todo ese tiempo perdido. Encuentro en mis ojos esa mirada aún sensible. Encuentro el brillo natural de una persona que todavía siente.
Dualidad de encontrarse significa buscar y esconder. Buscar lo que hemos escondido y esconder lo que hemos encontrado.
Eterna dualidad que se transforma en el martirio de los humanos: jugarse por buscar o temer a encontrar eso que tanto nos costó esconder.
El espejo reflexiona sobre mi mirada. El espejo es mi única realidad. Puedo ver como esa lágrima cae suavemente sobre mi mejilla y aún lo siento como ayer. Siento.
Una mirada a mi alrededor me recuerda que estoy solo. Que soy uno. Que me busco.
Miro hacia abajo y encuentro mis pies sobre la tierra. Sé que están, pero no hay ninguna mirada, ninguna luz que hable sobre mi existencia. No existe testigo que pueda asentir verdad alguna.
El espejo refleja mi pasado y mi presente, mi temor y mi exaltación. Hablar es en vano, ningún objeto puede escuchar.
Se trata de la infinita búsqueda de algo que se parezca a mi. Se trata de encontrarme, de verme y sentirme: de ser.
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