12 de octubre de 2011

It's time to write

Hoy me compete hablar sobre las energías. El episodio del cual fui testigo-víctima-cómplice obliga a que reflexionemos, y particularmente solucionemos nuestro problemas con las energías: sin ir muy lejos, pensemos en aquel principio enseñado de antaño por el cual sabemos que la energía se conserva. Probablemente mis comentarios en este campo sean menos pertinaces que los que un experto pueda llegar a evocar, no obstante me propongo la búsqueda, la salida, la interpretación de lo que para mi significa ese principio de conservación. Prometo no extender mi vocabulario en detalles precios y trillados por cualquier página de divulgación científica, sino más bien estoy interesado en dejarme escribir, liberar energía en el ejercicio de la escritura, que luego retomaré con placer por cierto mediante la lectura, la reflexión y el tiempo. Ahora bien, ¿qué motivaciones tenemos los individuos para pensar en energía?¿Qué indicadores tenemos para pensar que existe tal cosa llamado principio de conservación? Debo defraudarlos ya que me veo inmerso en una aporía clásica. Sin embargo, presupongo oportuno declarar que existe tal cosa. Cosa que materializa lo inmaterial, que transforma lo inoportuno, lo fugaz en estable. 
Lo positivo de a poco se convierte en negativo si es que nuestro deseo inconsciente rodeado por penumbras y malas influencias se presenta como sucesiones prevalentes automáticas frente a lo bello, lo eterno. 
Quizás suene demasiado filosófico, inestable y hasta utópico pero invito a vuestras almas que dejen fluir sus sentimientos y que prueben con sus hechos, con sus deseos lo que os acabo de contar. No se trata de generalización, ni de teorías, ni leyes. Se trata de uno, del ser con relación al otro, ser también.
Es tiempo de pensar en nosotros, de lo que queremos, de lo que los otros quieren y que yo puedo aportar. No  es momento de egoísmo sino de altruismo. 
Pero señores, no los estoy llamando a que juntos comulguemos para alguna religión extraña que nos diga cómo debemos hacer. Encomiendo a cada uno el ejercicio de la reflexión, del pensamiento. De nuestro poder.

¡Qué mejor sonido que los de ella para dedicarnos un instante, para dedicarles un instante!

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