10 de octubre de 2011

El ejercicio de la escritura

Comenzar a escribir es como comenzar un nuevo día. Quizás sea un poco más fácil que frente a una hoja de papel en blanco, no obstante requiere que hablemos con nosotros mismos. Lo lógico implicaría en esta publicación que comente sobre mis motivaciones iniciales para comenzar a escribir. Pero, aquí no me propongo que planteemos deducciones lógicas: más bien observo necesidad. Necesidad de ser leído, de ser escuchado, de comunicar. 
Por cada palabra que he escrito, podría escribir 100 más explicando por qué elegí esas palabras para escribir y no otras: por qué elijo escribir, nosotros mismos, necesidad, comunicar. También me surge la necesidad de dar un poco de cátedra acerca de lo que yo ya sé, acerca de mis experiencias, lo que vi y sentí. 
Siempre quise.
Hoy lo tengo, ¿qué es lo que tengo?
No puedo negar que no exista motivación previa que se subsuma solamente a una "necesidad". Aquí debería discutir si las necesidades son creadas o se encuentran latentes en cada uno, a lo que sin entrar en un debate profundo propondría una síntesis de ambas: se crean en base a lo que se encuentra. Ahora bien, la pregunta que debe seguir a este planteo sería qué se encontraba y qué se creó.
Se encontraban 18 años y varios meses. Se encontraban lágrimas y sonrisas; miedos y castigos. Pero por sobre todas las cosas me encontraba yo. Perdido entre la gente que, cansada de mirar para un costado, me miraba como desconocido. 
Es por eso que decidí, por mí y por vos. 


Pronto sabrán más de ustedes, de mi, de ellos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario