24 de abril de 2012

Hoy



Puedo decir que hoy estás más lejos que nunca
puedo aclalarle a mi corazón que ya no vale la pena llorar,
llorar en busca de un nombre perdido en el mar.

Hoy me animo a darte vuelta la cara
a pegarte ese cachetazo a ti mismo
que buscaste sorprenderme
y que lograste creerme
que mi capacidad perceptiva
no terminaba a la vuelta de la esquina.

Tu nombre recuerdo igual:
asociación nemotécnica
que retrotrae buenos momentos
que retrotrae historia.

Hoy me siento más libre que nunca,
me siento conmigo,
buscando en mi
todo lo que dejé en ti.

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La vida me ha enseñado a luchar
luchar por ser, por creer.
Parecen años de batalla social,
parecen soldados que piden tregua.
Decidí no atar a nadie más,
decidí liberar las cadenas que creían que podían
con total autonomía
la posesión de un corazón.

A la vuelta de la esquina se encuentra,
a la vuelta se va.
Unos vienen, otros van. Yo estoy

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Me reflejo en mi,
veo las cosas que nunca veré.
Siento que soy yo,
quién ha decido dejar.
Esas lágrimas legitimaron tu partida,
esas lágrimas corrieron en lo profundo.
Se secaron.

La historia nuevamente te ha acercado;
esta vez con soberbia y cinismo.
Yo calmo y tranquilo te respondo.
Tengo mucho por ganar,
tuviste mucho que ganar.
Decidí comenzar a ganar.

Quizás ese nuevo destino,
marque un nuevo camino.
Quizás sea la mejor metáfora de la partida.

Hoy mis ojos ven lo noumenológico:
quiero alcanzar la irrealidad perfecta de la escritura.

16 de abril de 2012

Cuestión de circulación

Necesito escribir, necesito lógica. Circulación, preocupación por ser escuchado. Una y otra vez me pregunto sobre la necesidad de los círculos. Totalmente de acuerdo sobre su existencia, todavía no logro definirlos, precisarlos. O sí, pero su estructura interna se cierra en sí misma, no deja que entre. Me quedo afuera.

Necesito de las personas así como necesito de mis libros, de mi. A veces solicito en mi, respuestas sobre si debo o no ser reflexionado por ellos. No siempre ellos me reflexionan; por eso me escondo en la escritura, lisa y pura que se abre libremente ante mi llamado desesperado. Sí, es la única a la que no le tengo que pedir permiso para que me deje entrar.

Cuando uno se preocupa en la escritura, lo externo es una cosa: inmaterial. Todo lo que me queda es lo esencial, lo difícil de entender.

Las relaciones entre las personas cada vez más nos muestran estas uniones disímiles inmateriales, lúgubres a los ojos de cualquiera. Aunque sabemos que está mal, lo hacemos. Yo no me veo sino en la escritura; solo juzgo acciones a posteriori caracterizándolas como distintas cuando ni siquiera se quién soy.

Trabajo inalcanzablemente sobre las mentes humanas, pero necesito la soledad, necesito ser&estar externo a la estructura para poder captar a quienes nos rodean. Salgo, me expulso y comienzo a observar.

La mirada deja sus rastros más impactantes sobre mis retinas. Dimensión indicial. Yo veo la acción. Luego los gestos. Estos con mayor desapego a la estructura se desplazan en el contínuum, muestra complementaria de la acción principal.

Entro a la escena de nuevo y reproduzco la estructura, agacho la cabeza y miro con nostalgia.

Vaya realidad que nos ha tocado.